Hay cosas que no se dicen y mueren en los corazones.
Otras cosas no se dicen y mueren en un blog.

miércoles, 26 de junio de 2013

ORACIÓN

ORACIÓN A MI MISMO

Que yo me permita mirar, escuchar, y soñar más. Hablar menos. Llorar menos.
Ver en los ojos de quienes me miran, la admiración que me tienen... y no la envidia que prepotentemente pienso que sienten.
Escuchar con mis oídos atentos y mi boca estática, las palabras que se hacen gestos y los gestos que se hacen palabras.
... Permitir siempre escuchar aquello que yo no tengo permitido escuchar.
Saber realizar los sueños que nacen en mí y por mí, y conmigo mueren, por yo no saber que son sueños.
Entonces, que yo pueda vivir los sueños posibles y los imposibles; aquellos que mueren y resucitan a cada nuevo fruto, a cada nueva flor, a cada nuevo calor, a cada nuevo rocío, a cada nuevo día.
Que yo pueda soñar el aire, soñar el mar, soñar el amar.
Que yo me permita el silencio de las formas, de los movimientos, de lo imposible, de la inmensidad de toda profundidad.
Que yo pueda sustituir mis palabras por el toque, por el sentir, por el comprender, por el secreto de las cosas mas raras. Por la oración mental (aquella que el alma cría y que sólo ella escucha, y sólo ella responde).
Que yo sepa dimensionar el calor, experimentar la forma, vislumbrar las curvas, diseñar las rectas, y aprender el sabor de la exuberancia que se muestra en las pequeñas manifestaciones de la vida.
Que yo sepa reproducir en el alma, la imagen que entra por mis ojos haciéndome parte suprema de la naturaleza, creándome y recreándome a cada instante.
Que yo pueda llorar menos de tristeza y más de alegrías.
Que mi llanto no sea en vano. Que en vano no sean mis dudas.
Que yo sepa perder mis caminos, pero que sepa recuperar mis destinos con dignidad.
Que yo no tenga miedo de nada, principalmente de mí mismo: - Que yo no tenga miedo de mis miedos!
Que me quede dormido cada vez que vaya a derramar lágrimas inútiles, y despierte con el corazón lleno de esperanzas.
Que yo haga de mí, un hombre sereno dentro de mi propia turbulencia.
Sabio dentro de mis límites pequeños e inexactos.
Humilde delante de mis grandezas (que yo me dé cuenta cuán pequeñas son mis grandezas, y cuán valiosa es mi pequeñez).
Que yo me permita ser madre, ser padre y, si fuere necesario, ser huérfano.
Permítame yo enseñar lo poco que sé y aprender lo mucho que no sé.
Traducir lo que los maestros enseñaron y comprender la alegría con que los simples traducen sus experiencias.
Respetar incondicionalmente el ser; el ser por sí solo, por más nada que pueda tener más allá de su esencia.
Auxiliar la soledad de quien llegó, rendirme al motivo de quien partió, y aceptar la alegría de quien quedó.
Que yo pueda amar y ser amado. Que yo pueda amar aún sin ser amado.
Hacer gentilezas cuando recibo cariños; hacer cariños aunque no reciba gentilezas.
Que yo jamás quede solo, aún cuando yo me quiera solo.

Que Así Sea.


 Autor: Oswaldo Antonio Begiato

lunes, 17 de junio de 2013

IRREAL

En esta vida acelerada en la que no nos da tiempo de pensar en nosotros mismos,  he llegado a la conclusión de que nunca nos terminamos de conocer del todo.   Todo pasa tan rápido que nada permanece,  lo que creemos saber,  al instante ha cambiado.   Lo que pensamos hoy,  puede que mañana lo miremos con otros ojos.   Toda la realidad tiene mucho de irreal.     Todo fluye contínuamente,
"no es posible bañarse dos veces en el mismo río".


Foto: Vanessa

jueves, 13 de junio de 2013

EL CRONOPIO Y LA FLOR

Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos.
Primero la va a arrancar, pero piensa que
es una crueldad inùtil y se pone de rodillas
a su lado y juega alegremente con la flor,
a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile,
zumba como una abeja,
huele su perfume
y finalmente se acuesta debajo de la flor
y se duerme envuelto en una gran paz.
La flor piensa: “es como una flor”.
 
Julio Cortázar
 
Foto: Vanessa
 

miércoles, 12 de junio de 2013

SOÑAR

¿Y ya con qué voy a soñar,
cuando he sido tan feliz despierto?
 
Fiódor Dostoyevski
 
 

viernes, 7 de junio de 2013

EL RÍO

No todo nos pertenece. A veces hay que dejarlo todo tal y como está. Puedes sentir fuertemente, los latidos palpitan ansiosos por agarrar. Pero a veces lo que sentimos tan cerca hay que mirarlo de lejos. Es como un río donde meto mis manos. Siento su agua fresca, me roza, me produce escalofríos. Pero no lo puedo atrapar, nunca el río va a ser mío. Sólo puedo sentir el agua en mis dedos y tengo que dejarlo seguir.
No todo nos pertenece.