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miércoles, 21 de julio de 2010

PÁJAROS DE PAPEL

Para su debut como director de cine, Emilio Aragón no ha escogido un camino fácil. Buscando en su propio mundo, ha decidido sacar fuera una historia muy personal, arañada de su propia biografía, algo que le afecta profundamente y que tiene que ver con una profesión que ha conocido desde pequeño: la de cómico. No era sencillo convertir en película un deseo tan profundo sin correr ciertos riesgos. Este es el punto más interesante de estos Pájaros de papel: el riesgo. El riesgo de hacer una película tan a contracorriente, tan antigua que acaba siendo moderna. Tantas veces contada y sin embargo siempre nueva. Una historia de amor y de aprendizaje, de solidaridad y amistad, de tristeza y felicidad.

Existe una idea preconcebida de que el cine moderno es aquel que rompe reglas. Pero no nos damos cuenta de que esta modernidad acaba siendo una nueva forma académica que se repite una y otra vez. Y en cambio, nos sorprende ver cómo una película nacida en la industria, con vocación popular, con ganas de recuperar una parte del pasado sin caer en tópicos ideológicos, bebe en el clasicismo de su puesta en escena para conseguir sus objetivos: ser un homenaje y emocionar al espectador. Pájaros de papel es un film atípico y muy sincero.

No es fácil narrar una historia, por muy personal que sea, con la personalidad y la distinción ideal, mágica. Y a ésta le pesa más el corazón que la cabeza.

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